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jueves, 25 de septiembre de 2014

Crónica - Scott H Biram- Sala Azkena (Bilbao)


Una vez más volvía Scott H. Biram por nuestras tierras, para contarnos sus deslumbrantes películas de carretera infinita. Por Bilbao concretamente, se detendría el sábado veinte de septiembre, en la pequeña sala Azkena y ante un número considerable de seguidores. Más de media entrada certificando que la cotización de este tejano, aumenta a cada paso que da, sumando aficionados a su banda de una pata, al tiempo que otorgaba la razón a los promotores que continúan apostando por su particular formula.
La que nos atañe no sería en cualquier caso, una noche que fuese a suponer nada especial para nuestro protagonista, tan solo iba a tratarse de la muesca que ese día le tocaba. Comenzaría a grabarla lentamente, probando ante nosotros el sonido como si tampoco quisiese que un roadie le acompañara. Nos dejaría terminar con nuestros tragos, para volverse a subir sobre el escenario una vez más, comenzando sin demasiada pompa la impresionante experiencia que estaba a punto de brindarnos.
De la misma forma que lo hubiese hecho desde el porche de su rancho tejano, Scott se pondría a rasgar la guitarra mientras cantaba y marcaba el ritmo con su pie izquierdo. Haciendo que pareciese tan sencillo como respirar, el señor Biram combinaba Country, Blues y Rock n Roll, sin preocuparse demasiado por la mezcla que iba quedando. El ritmo variaba, pero la sensación de naturalidad era permanente. Simplemente como respirar.
De esta manera irían cayendo cortes como “Gotta Get Heaven”, cargados de aleluyas y deudas con la música negra primigenia, demostrando con orgullo sus raíces sudistas, para un rato después, pasarse al country crepuscular que contiene “Open Road”. Todo era lícito de ser removido, en la maravillosa batidora estilística que portaba el colega. Mientras tanto, entre canción y canción, unas pocas frases cachondas en ingles cerrado y el lingotazo pertinente al whisky que descansaba a sus pies. Este sería el esquema con el que se fraguaría la magia.
Aparentemente improvisado parecería todo a veces, como cuando cogía una guitarra que no tocaba en ese momento, o cuando nos comenta como nos contaría una buena historia, pero que mejor se la ahorraba, por el simple hecho de que no íbamos a entenderle. Con esa sensación de estar asistiendo a algo íntimo y personal, discurrirían los minutos entre tema y tema. Entre lo que iba de “Jack of Diamonds”, a la versión del “Ride Like the Wind” que se marcaba o hasta que se ponía a meter guturales poco antes de lanzarse con “I Want My Mojo Back”.
El único corte de rollo de la velada, vendría durante la interpretación de uno de los temas del último disco, uno de corte cazallero que creo que era “Alcohol Blues”. Un tipo absolutamente pasado, se puso durante la mencionada, a fumarse un cigarro a menos de un metro de Scott, a lo que este respondió insultándole con palabras gruesas-que no entendió- y a mirarlo con evidente ánimo retador. Finalmente no llegaría la sangre al rio, pero sirvió para que viésemos en directo el carácter del tejano. Un carácter que a buen seguro ha sido curtido a lo largo de años y años de baretos de mala muerte.
Retornando a la placidez con la que se había desarrollado toda la velada, sonaría “Still Drunk, Still Crazy, Still Blue”, lo más parecido a un hit que se marcaría el artista, pleno de feeling a pesar de que unos cuantos se empeñaran en seguir de chachara mientras lo interpretaba. También tendría tiempo para mostrar lo bien que se le daba el blues de toda la vida, sonando pretendidamente sucio y creíble y hasta para recordar a sus paisanos ZZ Top a lomos del memorable” Thunderbird”. Todo ello con sencillez absoluta, como el que se sienta y se pone a contar lo primero que le viene a la mente. Con la diferencia de que Scott H. Biram parece llevar haciendo lo que hace, desde que nació. Solo así se explica tamaña naturalidad, semejante control de los tiempos y gusto a la hora de enfocar cada corte que interpreta. Memorable paseo por el salvaje sur de los Estados Unidos, el que nos brindó. 
Crónica y fotos por Unai Endemaño














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