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viernes, 15 de noviembre de 2013

Crónica: Orphaned Land+Khalas+Klone-Sala Rockstar Bilbao


El mero hecho de que la gira de turno tenga a un grupo que admiras como protagonista, no implica que la sala vaya a presentar una entrada digna. De si te tomas mejor o peor esta circunstancia, acabara dependiendo tu impresión una vez que las luces tengan que encenderse. Con resignación y asumiendo que a la ciudad en la que resides cada día se le pueden ofrecer menos ofertas culturales, es como yo tuve que contemplar la primera- y posiblemente última- visita de Orphaned Land como cabezas de cartel por nuestros andurriales.
La Rockstar bilbaína nos recibiría con puntualidad en cualquier caso, dispuesta para albergar una elegante exhibición de Metal folclórico. Oriente medio dibujado en una banda de Palestina y otra de Israel, con un par de conjuntos de la vecina Francia poniéndole el toque europeo a la noche. Las distancias entre los conjuntos teloneros y el que venía presentando All Is One serían sencillamente escandalosas, sin embargo, imposible sería debido a esto poder hacer consideraciones que englobasen a las cuatro formaciones. Por una parte hubo un entretenido concierto de bandas menores, por el otro un magno espectáculo que justificaba cada euro que costaba la entrada.
El entretenimiento mencionado comenzaría con The Mars Chronicles tratando de ponerle color al desangelado recinto en el que habían caído. Suya fue la primera media hora de prolegómenos, a golpes de Metal Progresivo correctamente facturado, pero sin nada que les hiciese merecer un hueco en la memoria a largo plazo. Contaron con menos de veinte personas haciendo bulto frente a ellos, por lo que se podría asegurar que no tuvieron que afrontar una excesiva presión sobre los hombros, aquello se asemejaba más a una banda probando repertorio que a un verdadero concierto.
Tuvieron la ocurrencia de ponerse de acuerdo para lucir unas impactantes lentillas negras similares a las que se hubiese colocado un imitador de Riddick cualquiera, con ello homenajearon a la película de la que han tomado el nombre. En el apartado musical sorprendieron muchísimo menos, desplegando unos cortes que alternaban guiños a Dream Theater, Fates Warning y similares, con algún que otro momento en el que plasmaban instantes algo más contemporáneos. Flojos en cualquier caso a pesar de lo empastadas que sonaban sus piezas, sin proponer nada que no hubiese sido propuesto mil veces antes y salvables únicamente en condiciones como las que aquí se relatan.
Los siguientes en probar fortuna fueron los también franceses Klone, otra formación de potencial cuestionable que se subía sobre las tablas de las Rockstar bilbaína, haciendo que nuestras ansias por que llegasen los cabezas de cartel apuntasen hacía el in crescendo. Las mejoras sobre sus antecesores de todos modos debieran ser tenidas en cuenta, ya que lo que nos ofertaban era marcadamente menos vulgar. Mostraron para ello otra faceta del metal progresivo, una destinada a culos inquietos y gusto por las tendencias alternativas. Disfrutaron de poderosas guitarras etéreas que no encontrarían un digno contrapunto en el cantante de la formación, demasiado plano para lo que se pretendía llevar a cabo, aunque dejaron algún instante de impecable factura.
El tercer entrante que iban a ponernos delante, abandonando por esta vez la cocina francesa moderna, vendría desde la lejana Palestina y llevaría el nombre de Khalas. Presentándose con el apelativo de Arabic Rock Orquestra imaginábamos que iban a subirse a la tarima un número indeterminado de músicos, cuatro fueron tan solo los que acabaron apareciendo, suficientes como para que nos hiciésemos una idea de lo que planteaban. Folklore propio de Oriente Medio por un tubo entretejido en cortes de Rock más o menos afortunado, tan sencillo como eso. La fórmula en ocasiones les quedaba más resultona que en otras y la originalidad de su propuesta era la mejor excusa con que contaban para ir sumando puntos. No es que fuesen nada del otro jueves, pero lo inusual de su sonido nos hacía mantener la atención y dejarnos ir al son que marcaban sus exóticos tiempos. Fueron un buen prologo para lo que allí se nos iba a contar, más por las connotaciones que implicaba su procedencia que por lo que realmente nos ofrecerían con sus canciones de tierras lejanas.
Poco después de que la pequeña orquesta palestina hubiese enfilado hacia camerinos, Orphaned Land escenificaban como nadie su idílica visión sobre el conflicto que se vive en su tierra, haciendo que no fuese relevante el país del que cada banda provenía cuando en cualquier otro momento parecido lo hubiese sido. Comenzaban con “Through Fire and Water” sirviendo para que cada músico fuese ocupando su hueco en la Rockstar, estando el centro reservado para Kodi quien nos presentaría con los pies descalzos, la fulgurante épica de “All is One”. El tema que pone nombre al último opus de los israelís fue el primer instante en el que la sala comenzó a sentir la harmonía que habíamos ido buscando, solo inenarrable de Yossi, brazos en alto y los inevitables pregrabados vendrían incluidos por el mismo precio .
El pilón de sonoridades exóticas que encierran los cortes de Orphaned Land es difícil de reproducir en directo sin ayuda, sensato fue por tanto que redujeran al mínimo las partes que tenían que haber sido cantadas por féminas, e incidieran sobre el lado más robusto de su sonido. Lo más folclórico con lo que contaban era la inimitable Bouzoukitara de Yossi- mitad Bouzouki acústico, mitad guitarra eléctrica- con la que el simpático músico ponía sus dedos a bailar sin descanso, suyos serían los instantes más señalados en lo concerniente a las individualidades. El conjunto sin embargo sonaba poderoso cuando golpeaban como un único ariete, “Barakah” y “The Kiss of Babylon” serían dos buenos ejemplos de ello, primero mostrando tímidamente los guturales de Kori y remarcando la enorme versatilidad de que disponen con la segunda.
La presentación del último redondo seguía corriendo y le llegaría el turno a “Simple Man” para abrir la puerta al lado más pausado de la formación. “Brother” sería aquí el momento estelar con una sentida dedicatoria para sus compañeros de gira y multitud de pelillos en punta entre los que asistíamos al espectáculo. La cosa volvería a tomar el rumbo inicial y “Birth of the Three” iba a encargarse de que volviésemos a intentar tararear las particulares tonadillas de esta gente, algunos imagino que lo conseguirían.
El ecuador se alcanzaría con la étnica “Olat Ha´tamid”, poniéndonos a bailar como si beduinos de un desierto ficticio nos hubiesen poseído, nos recolocaríamos un momento después al dulce ritmo que “Let The Truce Be Known” dejaba marcado, y romperíamos el educado orden que habíamos mantenido durante toda la velada, una vez que “Sapari” era descubierta. El mayor himno que la banda ostenta hasta la fecha sería el que acabaría obrando el milagro de simular que la sala tenía una entrada decente y que no éramos cuatro gatos los que ese martes nos habíamos acercado hasta allí.
Restaban varias sorpresas antes de que los músicos tomasen el camino hacía los camerinos, “Ocean Land”, “Children” y “In Thy Never Ending Way” serían los nombres de las mismas. La más noticiable sin embargo sería “El Meod Na´Ala”, que haría retroceder las arenas del tiempo veinte años justamente, hasta donde Orphaned Land comenzaban a forjar su leyenda a base de sinfonías de Oriente Medio y cadencias Doom. De cualquier modo volvieron al poco para que el legado tuviese un final a la altura de las circunstancias, “Norra El Norra” volvería a ser la encargada una noche más, de manera predecible, pero absolutamente bombástica. Entre unos cuantos con ánimos como para dejar correr las horas envueltos en melodías de las mil y una noches, una banda se había tomado la molestia de predicar su arte sobre quienes habían aceptado escuchar, ni uno solo marcharía para casa dando por perdida la jornada y para todo el que lo requiriese, los músicos se despedirían a la salida en persona, con profesionalidad y educación intachable. 

Crónica y Fotos Unai Endemaño






































 

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